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HAY COSAS QUE JAMAS SE OLVIDAN, AUNQUE
NO LAS RECUERDES
Recientemente galardonada con el Oso de Oro del Festival de Cine
de Berlín (lo que levantó ampollas entre la crítica
más ortodoxa), El viaje de Chihiro, última obra del
maestro de animación japonés, Hayao Miyazaki, autor,
entre otras, de joyas como Mi vecino Totoro, Porco Rosso o La princesa
Mononoke, plantea una traslación al lenguaje y la cultura
del país del Sol Naciente del mito ˆpues así hay que
considerarlo a estas alturas- de Alicia en el País de las
Maravillas, a través del insólito viaje de una niña
(hay que hacer notar el extraño y sugerente gusto del realizador
por los personajes femeninos, a los que dota de gran fuerza y determinación)
a un mundo de fantasía, tan mágico y atrayente, como
cruel, gobernado por una tiránica bruja y habitado por toda
clase de espíritus y criaturas (elemento fuertemente implantado
en la animación nipona), que, a modo de fábula moral,
en el buen sentido, aboga por el triunfo de la inocencia, la bondad,
la tolerancia y, en definitiva, del amor, sobre la codicia, la avaricia,
la soberbia y, lo que es más grave, la falta de identidad
(personificada por el muchacho, de incierto pasado, que no recuerda
su verdadero nombre), patrimonio del universo ético y, por
ende, estético, de los adultos, genialmente representado
en esa casa de baños donde los espíritus acuden para
sanar sus malgastados huesos.
No faltan en el film elementos absurdos, conscientemente heredados
de la obra de Carroll, como el uso de frases enrevesadas, aunque,
no por ello, exentas de una apabullante lógica (como la que
antecede a mi crónica), o grotescos (como la transformación
en cerdos de los padres de la protagonista, el desmedido celo de
la malvada bruja hacia su bebé gigante o el paulatino cambio
físico y de carácter del espíritu sin cara,
gentil por naturaleza, pero que se torna en depredador dentro de
la casa), a los que Miyazaki, como buen militante ecologista, su
particular discurso sobre la armonía entre hombre y naturaleza,
así como una equilibrada combinación entre modernidad
(la virtuosidad de algunas escenas nada tiene que ver con la habitual
inexpresividad estática del manga) y un respeto profundo
hacia ciertas ˆno todas, afortunadamente- tradiciones arraigadas
de su país, en contraposición con los valores, o la
falta de ellos, en estos tiempos que vivimos.
EN RESUMEN: Recomendable para
cinéfilos sin prejuicios.
Lo mejor: La escena del viaje
en tren de la protagonista.
Lo peor: Que algún padre
despistado la confunda con una película de Pokemon.
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ARGUMENTO:
Chihiro es una niña caprichosa y testaruda de diez años
que cree que el universo entero debe someterse a sus deseos. Cuando
sus padres - Akio y Yugo - le dicen que tienen que cambiar de casa
se pone furiosa y no hace nada para ocultar sus sentimientos. Cuando
la familia se marcha Chihiro se agarra al ramo de flores que le
han regalado sus amigos como si llevara en él todos sus recuerdos.
Rumbo a su nueva casa, la familia parece equivocarse de camino y
de repente se encuentran al final de un misterioso callejón
sin salida. Allí se yergue un enorme edificio rojo con un
interminable túnel en el centro que parece una boca gigantesca.
El túnel conduce a un pueblo fantasmal donde les espera un
magnífico banquete. Akio y Yugo se lanzan sobre la comida.
Chihiro mira a sus padres, que siguen devorando plato tras plato,
cuando de repente son transformados en cerdos. Sin querer han entrado
en un mundo habitado por dioses antiguos y seres mágicos,
dominado por la diabólica Yubala, una arpía hechicera...
FICHA ARTÍSTICA y TÉCNICA
FICHA TÉCNICA
GÉNERO: Aventura
DURACIÓN: 120
CALIFICACIÓN: Todos los públicos
PRODUCCIÓN: TOSHIO SUZUKI
DIRECCIÓN: HAYAO MIYAZAKI
GUIÓN: HAYAO MIYAZAKI
MÚSICA: JOE HISAISHI
NACIONALIDAD: JAPON
Sección moderada por Hugo
Flores
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