EL REINO DE LOS CIELOS (Kingdom Of Heaven)
Ridley Scott
Nota: * * *
ALIANZA DE CIVILIZACIONES
Resulta, cuanto menos, sorprendente contemplar, a estas alturas,
una superproducción
de Hollywood sobre la Cruzadas en Tierra Santa en la que los musulmanes,
no sólo no aparecen como los pérfidos fanáticos
dispuestos a pasar a cuchillo
a todo buen cristiano que se les ponga por delante, sino que, muy
al contrario,
son mostrados como víctimas de una horda imperialista nacida
de Occidente,
dispuestos a arrebatar tierras y riqueza, con la vaga excusa de
un supuesto
deber religioso de proteger el santuario de Cristo, y ante la cual
poco menos
que ejercen su derecho a la legítima defensa. En medio de
la inevitable barbarie
que se avecina, el Rey Balduino, carcomido por la lepra, y su séquito
tratan
de preservar la Ciudad de Jerusalén como modelo de convivencia
entre las
distintas creencias, hallando un mínimo común denominador
que ayude a conciliarlas
en vez de enfrentarlas.
Más sorprendente resulta que, entre aquellos que tratan de
torpedear constantemente
la frágil paz de aquel lugar, destaque precisamente la Orden
de los Templarios,
máxime cuando, en los últimos tiempos (y más
aun a raíz de la publicación
del celebérrimo Código Da Vinci) se ha tratado de
magnificar e incluso mitificar
la piadosa labor de aquellos supuestos defensores de las esencias
cristianas.
Pues bien, dejando a un lado ciertas simplificaciones históricas
e incluso
algún olvido injustificable (las terribles matanzas de judíos
y gitanos perpetradas
en Hungría por parte de los cruzados camino de Jerusalén),
hay que decir
que Ridley Scott, que vuelve al tipo de película que tan
buenos resultados
le dio en Gladiador, pone la cosas en su sitio.
Aquello no fue un Cruzada,
fue un auténtico saqueo, ejemplificado con la repugnante
actitud prepotente
del líder templario, Guy de Lusignan, cuya ambición
desmedida y predilección
por la sangre derramada causó, no sólo la derrota
y posterior humillación
a manos de Saladino (personaje ante el que los Bin Laden de pacotilla
no
resisten comparación alguna), sino que también fue
el germen de un largo
conflicto que aún hoy en día continúa sin visos
de solución
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En este contexto histórico, el director sitúa a su
personaje principal, Balian
de Ibelin (un flojísimo Orlando Bloom), un humilde herrero,
hijo bastardo
de caballero, que acaba convirtiéndose en le defensor de
Jerusalén ante el
imparable avance de un Saladino herido en su honor por la ignominia
de los
templarios. Y es aquí donde surgen las auténticas
carencias del film, pues,
en primer lugar, la celeridad con la que el joven herrero acaba
transformándose
en un auténtico estratega militar denota unas considerables
lagunas de guión.
En segundo lugar, por que, con todos mis respetos, el joven guaperas
de Orlando
Bloom tiene menos carisma y anda más perdido que Hernández
Mancha en un congreso
de la OTAN. Para colmo, el único momento tórrido que
protagoniza con la jugosa
Eva Green, ha sido vilmente mutilado, quién sabe si como
gancho para un posterior
lanzamiento en DVD con escenas inéditas. Por otra parte,
el hecho de que
los acontecimientos se sucedan en un periodo determinado y muy delimitado
de las Cruzadas resta cierta profundidad analítica frente
a la enorme complejidad
del conflicto tratado, por lo que las buenas intenciones (de defensa
de la
tolerancia y de la convivencia pacífica entre los pueblos)
puestas sobre le tapete acaban confundiéndose con una especie
de candidez, de cierta corrección
política, muy propia del liberalismo humanista anglosajón,
frente a la radical
valentía que, a mi juicio, merece el tema en cuestión.
Una actitud que, muy
en el fondo, se deja entrever en el acto final de insumisión
del protagonista.
Definitivamente, pues, me quedo con la intención inicial
y con la sensación
de haber visto lo que esperaba, sin sorpresas ni decepciones, a
la espera
de ese Madagascar de la Dreamworks que tan buena pinta tiene, y
todavía con
la miel en los labios de ese esplendoroso trailer de la tercera
y, al parecer,
definitiva entrega de La Guerra de las Galaxias.
EN RESUMEN
Un más que estimable film histórico que ofenderá
a unos pocos (a Bush no
le habrá gustado un pelo) y contentará a la mayoría.
Lo mejor: Como en todas las películas de Ridley Scott, la
atmósfera, la ambientación,
el realismo y el gusto por el detalle del que hace gala el director
británico.
Lo peor: Ciertas deficiencias de montaje que se hacen patentes a
lo largo
del film.
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