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Fernando Días Plaja nos cuenta, en su obra "El
español y los siete pecados capitales", una anécdota
sobre la soberbia de los españoles que retrata de cuerpo entero
a la mayoría de nuestros políticos. No la recuerdo al pie
de la letra pero decía manos o menos así: "Discutían
dos españoles sobre el significado de una palabra cuando uno de
ellos para terminar expuso un hecho irrefutable: Lo dice el diccionario
de la Real Academia. A lo que contestó tranquilamente su oponente:
Pues está equivocado el diccionario y la Real Academia".
Puede que cambie el tema, pero el sentido de la anécdota
es de rabiosa actualidad. Basta con leer la prensa, oír la radio
o sintonizar la TV para enterarnos de que todos los perdedores de las
ultimas elecciones hacen gala de la misma soberbia: La culpa del desastre
no es suya, es de los demás. Ellos tienen razón; los electores
son los (h)errados. (Visto el concepto que demuestran tener de los ciudadanos,
me queda la duda de si se escribe con o sin h).
Hasta estas últimas elecciones siempre se oía
el mismo sonsonete al conocerse los resultados: TODOS habían ganado.
Como mucho se pudo oír o leer alguna estupidez como la de "una
dulce derrota" de Felipe González. Su soberbia no le permitía
decir que era una derrota ínfima o menuda o insignificante no,
tenía que ser "dulce" para que, por confrontación,
la victoria del PP fuera "amarga". Habrá que aceptar
que tenía razón Ortega y Gasset cuando decía que
el hombre tiene infinitas formas de hacer el imbécil. .
La derrota del PSOE e IU esta vez, ha sido tan escandalosa
que tanto Almunia como Frutos la han reconocido y aceptado, pero ¡faltaría
más! matizándola: la culpa no es de ellos sino de los demás.
Unos porque no les han votado cuando, en su "modesta" opinión,
deberían haberlo hecho, y otros porque han cometido la necedad
de votar al PP. Algo imperdonable por que los "progresistas"
(que en opinión tanto de Almunia como de Frutos, sólo lo
son los de izquierdas y los de izquierdas son la mayoría) deberían
haberlo hecho, sin dudarlo ni pensarlo, a ellos.
Un inciso. Desde hace algún tiempo me desconcertaba
lo de PSOE-progresistas, porque es obvio que lo adjetivado deja de ser
sustancial para pasar a ser secundario y no concebía al PSOE como
algo secundario. Pero los discursos catastrofistas de los socialistas
en las pasadas elecciones, que confirman el concepto que Vargas Llosas
tiene de la progresía (La progresía no está a favor
de la democracia, está más a favor de la Apocalipsis, de
las utopías redentoras y revolucionarias), me lo han aclarado.
Todos hemos oído hasta la saciedad, tanto a los
del PSOE como a los de IU, que el pueblo "es soberano" y "no
se equivoca" NUNCA cuando vota. ..¡hasta que les han barrido!.
Ahora resulta que el pueblo no tiene ni puñetera idea de lo que
ha votado, porque lo que ha elegido ¡es una tragedia!. (Sólo
que han olvidado añadir que para ellos).
Una vez más se demuestra que aferrarse dogmáticamente
a una idea, falsa o verdadera no importa, es desconocer que solo las leyes
de la naturaleza son ineluctables.
Muchos de los amigos, digamos más bien "presuntos
amigos" o quizás mejor "conocidos" políticos
de Almunia, alaban apasionadamente su integridad por la dimisión
ante la desmesurada derrota electoral, y posiblemente tengan razón,
pero no tanto si admitimos que integridad es decirse la verdad a uno mismo
y honestidad es decirle la verdad a los demás.
No me voy a permitir dudar, aunque el incumplimiento
de su dimisión cuando las "primarias" me permitiría
tomarme esa libertad, de que sea verdaderamente una persona íntegra,
pero de lo que no hay duda es de que nos ha mentido descaradamente durante
toda la campaña electoral. Integro podemos hacer un acto de fe
y aceptarlo; honesto
..que cada cual opine como quiera.
Mención aparte merece la soberbia insoportable
del ínclito jesuítico Arzalluz. Cuando leí el otro
día que afirmaba que para él "es un honor" que
el Presidente Aznar no quiera negociar con el PNV y que la campaña
del PP era una "suciedad", me acordé de lo que decía
el ex canciller alemán Konrad Adenauer: "Hay algo que Dios
ha hecho mal. A todo le puso límites menos a la tontería".
Lo peor, para el resto de los españoles, son
las consecuencias de esas tonterías, estupideces, necedades, llámese
como se quiera, porque como decía el que fuera Presidente de la
Asamblea de la ONU, P.Spaak, "La tontería es la más
extraña de la enfermedades. El enfermo nunca sufre, los que de
verdad padecen son los demás".
Juan Borrás (Gandia)
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