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Si me preguntan por la promiscuidad diré que no pienso que sea
buena. Al menos, no a la larga. Puede tener algún efecto positivo
para revitalizar puntualmente la vida sexual de un matrimonio que haya
caído en el abismo de la monotonía. En ese aspecto prácticas
sexuales como las de hacer un trío, un intercambio de parejas o
una orgía pueden llegar a ser muy excitantes, pero también
pienso que todo lo que se gana en cuanto a instinto se pierde en cuanto
a emociones. Sentimentalmente una pareja que de verdad pretenda ser estable
debe verse francamente menoscabada por esto. Cuando entregas voluntariamente
a la persona a la que amas a otro individuo es que ya no la amas, es que
simplemente la contemplas como unos genitales o como una relación
amistoso-sexual, pero no sientes amor por ella.
Además, la vida sexual de una mujer, lejos de mejorar, puede acabar
convirtiéndose en insatisfactoria a la larga. Hay que tener en
cuenta que en la sexualidad femenina desempeña un papel importante
la imaginación, la fantasía, las emociones, los sentimientos...
En la medida en que una mujer pasa de mano en mano, salta de cama en cama,
el vínculo emocional que tenía con su pareja acaba por desaparecer
y eso es peligroso porque complacer totalmente a una mujer en el sexo,
conseguir que ella tenga un orgasmo renunciando a la inmensa ayuda que
suponen todas esas emociones, resulta muy complicado. Prácticamente
imposible. La promiscuidad, como todo en la vida, tiene sus ventajas y
sus inconvenientes claro, pero en este caso pienso que se paga un precio
muy alto. Yo no lo haría.
Eso que se dice sobre que las personas son infieles por naturaleza es,
en mi opinión, una mentecatez. Bastantes animales tienden a aparejarse.
La gente tiende a aparejarse. Incluso lo orgiástico acaba siempre
en parejas, porque la pareja te permite gozar de una intimidad y de una
magia que en ningún caso te la ofrece el grupo. Dudo mucho que
la gente pueda ser feliz de verdad en una relación poligínica
(como en los países musulmanes), poliándrica (como sucede
aún en el Tíbet) o bien de ese insólito tipo de unión
que prácticamente no se da y que consiste en varios hombres y varias
mujeres casados todos juntos en un matrimonio múltiple. En mi opinión,
de poco sirve acostarte cada noche con una persona diferente si al día
siguiente te sientes vacío por dentro y te encuentras solo.
Josue Damia Ferrer i Ortells.
jdferrer@ozu.es
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